Con esto no intento darle seguimiento a la nota roja aparecida y publicitada por diferentes medios de comunicación en Nicaragua. Pero sí, admito que sin poder evitarlo, mi morbo asomó a la superficie viendo a todas luces, ante el descaro, la falta de moral y la ausencia de escrúpulos, una analogía entre lo que admitía éste criminal y lo que algunos auto denominados políticos le hacen al país.
No es necesario escudriñar mucho los añales de nuestra historia para ver que desde los inicios de la misma, Nicaragua es una víctima permanente.
En 1948 con el “acuerdo” logrado entre Anastasio Somoza García, -fundador de la dinastía- y el Dr. Carlos Cuadra Pasos en el cual el primero le regaló al Partido Conservador posiciones en el Congreso, la Corte Suprema y tribunales secundarios.
En 1950, el ya conocido Pacto de los Generales entre Somoza y Emiliano Chamorro, tiene objetivos y consecuencias similares al anterior.
De más reciente data, en el año 2000, el Dr. Arnoldo Alemán le concede al FSLN cambios en la Constitución de la República que le permiten al segundo clavarle los colmillos al esqueleto.
De esa manera continúa Nicaragua siendo sodomizada por sus propios hijos, que una vez llegados a las alturas del poder reniegan de las promesas de pureza efectuadas antes del ascenso.
En los últimos meses, previo a las elecciones en la Costa Caribe, la ciudadanía ha podido ver el drama – nada discreto- que se da entre las diferentes bancadas, unos pidiendo, otros ofertando. Convirtiendo a la Asamblea Nacional en un verdadero Tiangue donde se compran y venden conciencias. Un auténtico trueque de dignidades propio de eBay.
Es así que mientras leo la admisión del criminal, se aferra en mi mente la imagen de Magistrados, Ministros, Jueces, Diplomáticos y Diputados, -con sus honrosas pero exiguas excepciones- Buscan afanosamente el poder o el cadáver. Lo violan, lo consumen y lo vuelven a violar con cada período electoral, con la desesperación propia del Ave de rapiña que no se contenta con consumir la carne, sino que exhausta la médula; lo que ya casi no hay.
¿Cuál es la diferencia entre el delincuente de caminos que viste una sucia camisa y aquél de elegante traje y voluminosa talla? Éste último quizás dirá:
-Yo estoy arrepentido – - – De no haberla violado más.
Ellos seguirán violando y comiendo







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